domingo, 25 de julio de 2010

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Documentos y posturas historiográficas sobre el Batllismo

El Uruguay del 900

A fines del siglo XIX se podían observar algunos cambios en las actividades económicas. El mestizaje de ganado ovino y bovino aumentó y se extendió a todo el país.
Se instalaron fábricas textiles, destilerías de de alcohol y otros establecimientos destinados a la fabricación de bienes de consumo.
La burguesía uruguaya debió estructurar un verdadero sistema nacional de comunicaciones y transportes, para no perder su papel en el comercio de tránsito regional y proyectar una presencia más firme en el marco rioplatense.
Hacia 1900 vivían en el país cerca de un millón de personas, de las cuales más de la cuarta parte residían en la capital montevideana. En poco tiempo, y en gran medida por el aporte inmigratorio, el incremento demográfico creó nuevas posibilidades económicas y culturales para los uruguayos.
Como ocurrió en buena parte del planeta, junto al ferrocarril británico viajaron también un conjunto de valores culturales, de los que la práctica del football parece ser una de las herencias más preciadas.
En los pequeños establecimientos, en los talleres industriales y en la creciente concentración de trabajadores ferrocarrileros y portuarios se empezó a desarrollar un movimiento obrero que ya en 1890 tenía importantes organizaciones sindicales, y órganos de prensa, participando de movilizaciones internacionales como las del Primero de Mayo. Se encuentra aquí el origen de las “izquierdas”, que desde entonces han sido un componente fundamental de la experiencia social uruguaya.

El primer gobierno batllista frente al Partido Nacional

Durante su primera presidencia, José Batlle y Ordóñez procuró con éxito consolidar el Poder Ejecutivo, reivindicando la autoridad del Presidente para el nombramiento de los gobiernos departamentales. Ello dio origen en enero de 1904 a una nueva guerra civil protagonizada por el caudillo blanco Aparicio Saravia.
Desde el punto de vista político, la victoria del ejército gubernista en la guerra civil tuvo consecuencias notables. La derrota de las tropas nacionalistas consolidó el poder central, al dejar de lado el régimen de reparto político- administrativo pactado en 1897. Además, se reforzó la concepción de “gobierno de partido” defendida por José Batlle y Ordóñez, opuesta a la “coparticipación” impulsada por los nacionalistas.

Extraído de: Frega, Ana y otros. Historia del Uruguay en el siglo XX (1890-2005)
Montevideo, Ediciones de la Banda Oriental, 2008.

Documentos

1- “¿Por qué la guerra encuentra en este país un ambiente favorable? En primer término, porque la mayoría de la gente no tiene hogar t lleva una vida nómada. Mejor que ganar ocho pesos por mes, es lanzarse a una aventura que dura unos meses y ganan más y comen mejor. Es una huelga armada de protesta de los desgraciados que explota la política en su provecho”.

Luis Mongrell, 1911 en Barrán, José Pedro, y Nahum, Benjamín. Historia social de las revoluciones de 1897 y 1904. Montevideo, EBO, 1994.

2- Opinión de un diplomático británico sobre Batlle al término de su primera Presidencia.

“El presidente de la República, Señor Batlle y Ordóñez es un fuerte y fanático político partidista, para quién la palabra conciliación es ininteligible. Ha sido periodista y en el presente es propietario del “Día”, en el que aparecen ocasionalmente artículos fuertes, amargos y cortantes, que se suponen emanados de su pluma. Antes de convertirse en Presidente, acostumbró a vivir mucho entre las clases más bajas, y defiende opiniones socialistas muy avanzadas, siendo común que se hable de él como de un “Anarquista”. Durante su período de gobierno, las huelgas fueron frecuentes, y los huelguistas sabían que podían contar siempre con su respaldo moral y su estímulo en cualquier conflicto entre el trabajo y el capital. Tiene opiniones anti-clericales muy fuertes, y jamás pierde una oportunidad de desairar al Arzobispo o de volcar su menosprecio sobre la Iglesia. Ante sus ojos es aceptable toda legislación anti-clerical, como la exclusión de sacerdotes en los hospitales y otras instituciones públicas, la proyectada ley de divorcio, y la ley de matrimonio civil, especialmente porque su propio matrimonio es considerado por el Partido Clerical como un mero concubinato autorizado.”

Robert J. Kennedy, Ministro de la Legación Británica en Uruguay, ob cit.

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